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1 may. 2009

River 2002-2009, o la perfecta metáfora de Edgar Davids

Nunca sabremos cuán cerca estuvo Edgar Davids de jugar para River en diciembre de 2001. En plena campaña electoral, Hugo Santilli le hablaba al hincha y le prometía incorporaciones estelares, como la del mediocampista holandés. Sin embargo, Davids se quedó en Juventus. José María Aguilar le habló al socio, le prometió un club con pleno funcionamiento (tenis, bochas, colegio secundario) y se consagró presidente de River. La práctica del timbre casa por casa de Aguilar superó al impresionante despliegue económico y mediático de Santilli. River seguía siendo la Casa Blanca. Su equipo expresaba una identidad inconfundible en América latina. El estilo River era tan respetado como admirado. Sus hinchas no sólo querían ganar, sino que también se preocupaban por cómo ganaban los partidos.

Aguilar quiso profundizar esa búsqueda y, en junio de 2002, contrató como DT a Manuel Pellegrini. Además del estilo, el chileno le daría al club una gestión más académica que la del intuitivo Ramón Díaz, campeón del Clausura 02. Tras el Mundial Corea-Japón, la comisión directiva decidió vender a Ariel Ortega al Fenerbahce de Turquía, un gran error compartido por todos los actores de aquella operación. Manejadas por el sabio Delem, las juveniles nutrían al equipo profesional con ejemplares como Demichelis, Cavenaghi y D'Alessandro. Mascherano ya era pichón de crack y esperaba su turno en las selecciones de Pekerman. El fútbol subvencionaba actividades sociales y deportivas para que el club tuviera ese funcionamiento prometido en la campaña electoral.

Pero Boca volvió a levantar la Copa Libertadores en junio de 2003. El Clausura 03 no alcanzaba para igualar otro título internacional del binomio Bianchi-Macri. Como golpe de efecto, la dirigencia decidió comprar futbolistas casi compulsivamente. La venta de D'Alessandro generó ingresos que gastó en los regresos de Marcelo Gallardo y Marcelo Salas. También llegaron Vivas, Montenegro, Crosa, Tuzzio y el colombiano Killian Virviescas, quien tuvo el mismo destino de gloria que su compatriota Jersson González y el uruguayo Máximo Lucas. River gastó mucho dinero y no consiguió resultados. Tras la derrota contra Cienciano de Perú en la final de la Copa Sudamericana, Pellegrini renunció. En el final del Apertura 03, lanzó a la cancha un puñado de pibes, como Frontini, Miranda, Conca, Lima, Almerares, Federico Higuaín, Lobo. Ninguno logró afianzarse y comenzó a despilfarrarse el prestigio de sus divisiones juveniles, que ahora Gabriel Rodríguez pretende recuperar.

Después de Pellegrini, ningún DT de River asumió en julio, el mejor momento del año para empezar y planificar un proyecto. Casi todos los entrenadores asumieron en enero, a mitad de temporada, con un plantel heredado y la Copa Libertadores encima. En 2004, arrancó Leonardo Astrada. Su ciclo duró dieciocho meses con el Clausura 04 y dos semis de Libertadores 2004 y 2005. Convencido de la promoción de juveniles, Astrada confió en los Sambueza, Sand, Gastón Fernández, Gandolfi, Mareque, Méndez y Maxi López. Quizá pocos recuerden que Patricio Toranzo, hoy en Huracán, anotó ante Lanús el gol clave para festejar el Clausura 04. Barrado ya lo había hecho en el Clausura 03. Más allá de algunas incorporaciones (Diogo, Domínguez, Ledesma, Farías), el proyecto de "vivir con lo nuestro" se mantuvo firme hasta junio de 2005.
Pero las ventas de Mascherano y Lucho González detonaron otra oleada de compras compulsivas que arruinaron al club, deportiva y financieramente. Jugadores complementarios, como el chileno Alvarez, Loeschbor, Leandro Fernández, Talamonti, San Martín, Oberman y Galván, no le aportaron calidad al plantel. Astrada renunció en la cuarta fecha. Reinaldo Merlo duró poco, desde septiembre de 2005 hasta enero de 2006. Antes de irse por el gallardo motín de Mar del Plata, sacó a la cancha a Radamel Falcao García. Después de D'Alessandro, el delantero colombiano ha sido el único producto de las juveniles que, por rendimiento y permanencia, realmente logró triunfar en el club.

De entrada nomás, la dirigencia satisfizo los pedidos de Daniel Passarella con las llegadas de Cáceres, Figueroa, Pusineri y Ferrari. Pero, al igual que Astrada en 2004, heredó un plantel que, a principios de año, poco pudo modificar con el cupo limitado de refuerzos y el recortado margen para la depuración. En ese primer semestre, presentó a Augusto Fernández y promovió a Gonzalo Higuaín, de gran rendimiento durante todo el año. En el segundo semestre, puso en el arco a Juan Pablo Carrizo, otro acierto. Pero, más allá de esos dos años sin títulos, el ciclo Passarella resultó un estrepitoso fracaso por el festival de nombres que pasaron por el equipo. Más de sesenta jugadores desfilaron por la primera división durante 2006 y 2007. El club gastó mucho dinero en las llegadas de Belluschi, Ortega, Lussenhoff, Ponzio, Rivas, ¡Toja!, Marco Ruben, Sixto Peralta, Rolando Zárate, Alexis Sánchez, Villagra, Rosales y Ojeda. Juveniles como Abán, San Román, Lizio, Oliva, Mussacchio, Emmanuel Martínez, Matías Díaz y Valencia tuvieron una efímera participación sin continuidad.

Otra vez en enero, pero de 2008, asumió Simeone. Cholo logró la mejor versión de Buonanotte y Abelairas. Carrizo ganó partidos desde el arco y Ortega fue el jugador más determinante en las últimas fechas. Eso le alcanzó para salir campeón del Clausura tras cuatro años sin títulos para el club. Aquí hay otro punto para analizar. River no gana un Apertura desde 1999. No llega con un núcleo exitoso a la Copa Libertadores del año siguiente. Y ha tapado algunas frustraciones en la Copa con vueltas olímpicas en el Clausura.

Sin dudas, la consagración doméstica del año pasado pesó mucho más que la eliminación ante San Lorenzo en el Monumental para la evaluación del plantel. Este error tuvo inmediata confirmación en el segundo semestre de 2008. River quedó fuera de la Sudamericana ante Chivas prácticamente con el mismo equipo del inolvidable 8 de mayo y Simeone renunció en Guadalajara. Cholo también lanzó chicos a la parrilla, como Gil, Giménez y Mauro Díaz. El final del año pasado, con interinato y juveniles, fue idéntico al de 2007, pero con el agravante del último lugar en la tabla.

Con las mismas limitaciones que Simeone, asumió Gorosito, otra vez en enero. El regreso de Gallardo y la llegada de Fabbiani no potenciaron un plantel sin calidad y sin variantes. El jueves pasado, River logró que el limitado Nacional de Asunción se pareciera a Barcelona. Este recorrido de nombres y fechas ayuda a entender el papelón de Paraguay. River ha abandonado esa identidad de la que podía enorgullecerse. Perdió el rumbo. Los dirigentes son los principales responsables de esta errática política futbolística. Pero también los entrenadores y los jugadores, que ya no están comprometidos con la camiseta y la historia del club. Y por último los hinchas, que solamente se preocupan por la testosterona y no por el juego. La ingeniosa remera "Yo vi a Gerlo de nueve" sintetiza esa colectiva renuncia al estilo. En abril de 2005, Costanzo, Lux y Carrizo le garantizaban arquero por diez años. Hoy ninguno de los tres está y el club debió contratar a Ojeda, a Vega y a Barbosa para cubrir ese agujero.

La semana pasada, un casi retirado Edgar Davids estuvo reunido con el presidente Aguilar para hablar de su fundación para chicos de todo el mundo. Nunca sabremos cuán cerca estuvo de jugar para River en este 2009.



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